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En los últimos años de la URSS, los medios soviéticos comenzaron a reportar con frecuencia avistamientos de ovnis, un fenómeno que hasta entonces había sido tratado con escepticismo. En 1989, periódicos como *Sotsialisticheskaya Promyshlennost* y revistas científicas destacaban informes sobre objetos no identificados, incluso mencionando la creación de un centro permanente en Moscú para investigar estos casos. Uno de los incidentes más llamativos ocurrió en Dalnegorsk, donde un supuesto ovni se estrelló en una colina, dejando rastros que incluían redes finas, esferas metálicas y fragmentos de vidrio. Científicos como A. Makeyev encontraron elementos como oro, níquel y berilio, lo que generó debates sobre su origen extraterrestre o terrestre.
Las investigaciones no se limitaron a Dalnegorsk. En Dnepropetrovsk, un ingeniero y trabajadores reportaron ver un disco con haces de luz, mientras que en Voronezh se aseguraba que un ovni aterrizó en un parque. La controversia creció cuando se compararon estos casos con el famoso incidente de Roswell. Algunos científicos, como V. Vysotskiy, argumentaban que los materiales encontrados superaban la tecnología terrestre, mientras otros, como Yuriy Platov, los atribuían a fenómenos naturales o errores de percepción. A pesar de las diferencias, el interés público creció, con centenares de testimonios llegando a las redacciones. Incluso pilotos y oficiales militares comenzaron a reportar encuentros, lo que añadía credibilidad a los informes. La discusión sobre los ovnis se convirtió en un tema de debate científico y social en la URSS.