🇫🇷 GEIPAN / CNES
Tres personas vieron en diciembre de 1979, en Haute-Vienne, una masa rojiza muy brillante que cambió de forma antes de perderse entre las nubes. El cielo estaba cubierto y las nubes bajas dificultaban la visión. Aunque inicialmente se clasificó como caso D, la revisión posterior confirmó que se trataba del Sol naciente: su baja altura angular explicaba tanto el color rojizo como la aparente variabilidad de forma. Un buen ejemplo de cómo las condiciones atmosféricas pueden transformar un fenómeno cotidiano en algo desconcertante.