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En 1953, la CIA formó un panel de científicos para evaluar si los objetos voladores no identificados (OVNIs) representaban una amenaza para la seguridad nacional. Este grupo, liderado por figuras como Luis Alvarez y Lloyd Berkner, concluyó que no había evidencia de un peligro físico directo. Sin embargo, su informe fue clasificado como secreto, y los miembros del panel insistieron en que su conexión con la CIA no se hiciera pública. Años después, en 1957, se decidió liberar una versión desclasificada del informe, manteniendo la privacidad de los involucrados.
La controversia surgió cuando escritores y periodistas, como Edward J. Ruppelt y Donald Keyhoe, publicaron libros y entrevistas que, según la CIA, distorsionaban la misión del panel. Ruppelt, un oficial de la Fuerza Aérea que había participado en las reuniones, afirmó que el objetivo era identificar los OVNIs, lo cual no era cierto. La CIA, preocupada por la mala percepción pública y la posible exposición de sus operaciones, optó por enviar la versión desclasificada directamente a través de la Fuerza Aérea para evitar cualquier asociación con la agencia.