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En marzo de 1952, un reporte alemán mencionaba avistamientos de objetos voladores no identificados sobre las minas de uranio en el Congo belga. Según el artículo, dos discos luminosos aparecieron en el cielo, mostrando movimientos imposibles para la tecnología de la época: zigzagueaban, se elevaban y descendían rápidamente, y emitían sonidos inusuales. Un piloto intentó perseguir uno de ellos y estimó que viajaba a una velocidad de 1500 km/h. El informe detallaba que los objetos tenían un diámetro de entre 12 y 15 metros, con un núcleo central inmóvil y un borde envuelto en fuego.
El piloto, Pierre, describió que los objetos no parecían habitados debido a las condiciones extremas. El informe, considerado no evaluado, incluía incluso un esquema de cómo funcionaban los supuestos "platillos volantes", con propulsores y sistemas de radar. Aunque todo esto podría ser especulación, el testimonio de Pierre, un oficial reputado, añadía un toque de credibilidad a un suceso que hoy sigue siendo misterioso.