🇺🇸 USAF — Project Blue Book
En febrero de 1959, un fotógrafo en Boulder, Colorado, capturó en una fotografía un objeto blanco que parecía un platillo volador. El sujeto no notó nada extraño en el momento, pero al revelar la imagen, descubrió un bulto luminoso que no podía explicar. La imagen generó tanto interés que fue analizada por expertos, quienes consideraron varias posibilidades, desde globos hasta reflejos solares. Finalmente, el astrónomo Donald Menzel propuso que el objeto era un reflejo del sol en una ventana, un fenómeno que se aclaró al repetir la escena meses después. La exposición prolongada del film y la posición exacta del sol confirmaron que el objeto no era un OVNI, sino un fenómeno óptico común.
Menzel, conocido por su trabajo en fenómenos atmosféricos, ayudó al testigo a replicar las condiciones del día del suceso. Al verificar la posición del sol y el ángulo de la ventana, se comprobó que el reflejo coincidía exactamente con el lugar donde se tomó la foto. El testigo incluso realizó experimentos con la película para demostrar cómo la sobreexposición y la ampliación del negativo crearon la ilusión de un objeto grande. A pesar de las dudas iniciales, el caso se resolvió de manera científica, sin necesidad de apelar a explicaciones sobrenaturales. Este incidente es un ejemplo clásico de cómo la ciencia puede desentrañar misterios que inicialmente parecen inexplicables.