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En noviembre de 1955, una sobrina de un contacto en Belarús describió objetos voladores que mantenían a la población en tensión. Estos "platillos volantes" eran capaces de velocidades asombrosas, calculadas en 12.000 km/h, lo que generaba gran interés científico. El testimonio llegó a través de una carta personal, lo que añade un toque humano a los informes oficiales.
El documento incluye un croquis que muestra la formación y trayectorias sospechosas de los objetos. Aunque no se evaluó oficialmente, el testimonio es notable por ser el primero en mencionar estos fenómenos. Este tipo de informes, aunque informales, son valiosos para entender cómo se percibían los ovni en la sociedad civil durante la Guerra Fría.