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En 1991, un lector de Leningrado sugirió aprovechar la infraestructura del radar de Krasnoyarsk, considerada obsoleta para usos militares, para crear un centro de investigación de fenómenos ovni. La idea, publicada en el periódico soviético Rabochnaya Tribuna, proponía colaborar con expertos extranjeros para entender quiénes eran estos "extraños invitados". La propuesta no solo buscaba explorar el misterio de los ovnis, sino también encontrar soluciones a problemas terrenales, sugiriendo que el destino mismo había dado una oportunidad única al "objeto de Krasnoyarsk". El periódico invitó a los lectores a participar en el debate, con la promesa de que las ideas serían analizadas por un grupo de especialistas reunidos en una fecha cercana.
La publicación incluía un número de teléfono para recibir más sugerencias, mostrando un enfoque abierto y participativo. Aunque la idea no parece haber tenido seguimiento inmediato, reflejaba una curiosidad científica y una apertura internacional en un momento de transición para la Unión Soviética. Este documento, clasificado como no secreto, ofrece una mirada inusual a cómo las autoridades soviéticas consideraban la posibilidad de investigar fenómenos no identificados con un enfoque colaborativo y pragmático.