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En 1993, un periódico ruso publicó un artículo sobre un dispositivo aéreo no convencional desarrollado en la planta de aviones de Saratov. Este aparato, llamado "platillo volante", era una nave de transporte con capacidad para mover cargas equivalentes a la mitad de su propio peso, algo insólito para un vehículo aéreo. Su diseño combinaba el efecto de superficie con el de cojín de aire, permitiéndole despegar y aterrizar en terrenos como nieve, agua o pantanos. A pesar de su prometedora tecnología, el proyecto enfrentaba problemas financieros que retrasaban su producción.
El director de la empresa Ekip, Anatoliy Savitskiy, explicó que el aparato tenía un costo estimado de 70 millones de dólares y que ya existían intereses internacionales en su desarrollo. Aunque el prototipo de 2.5 metros de diámetro había realizado pruebas de vuelo, el modelo definitivo de 25 metros no saldría del taller hasta el próximo año. La planta de Saratov esperaba que este innovador proyecto ayudara a retener a sus mejores ingenieros en un momento difícil para la industria aeroespacial rusa.