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En mayo de 1956, Hungría fue testigo de múltiples avistamientos de objetos voladores no identificados. Según un documento desclasificado, varios ingenieros confiables informaron que el Ministerio de Defensa había sido alertado sobre una formación de objetos volando hacia el este. Estos objetos, observados a gran velocidad y a una altitud de unos 25.000 metros, fueron detectados por radares del Comando de Defensa Aérea, pero no se tomó ninguna acción debido a la falta de armamento. Durante semanas, aparecieron informes diarios sobre estos objetos, que podían cambiar de dirección, acelerar y desacelerar de forma inesperada.
Los ingenieros y científicos húngaros discutieron estos fenómenos en institutos técnicos, llegando a la conclusión de que no existían realmente y que los informes podrían ser provocados por campañas de propaganda estadounidense. Un informe oficial incluso los calificó como un mito. A pesar de esto, uno de los comentarios más llamativos fue: "Espero que estén en camino a Budapest". Esta frase sugiere que, aunque se minimizaba el fenómeno, no faltaban voces que veían en ello algo más interesante.